Mirando un compendio de acciones para aprovechar mejor el tiempo efectivo en mi trabajo, he leído una frase sobre aprender a delegar el trabajo.

“He aprendido que, si un problema es fácil, nunca debe llegar a mi mesa” Barack Obama

Y con ella me han venido a la mente un par de cosas que me gustaría compartir sobre aprender a delegar trabajo. Delegar no sólo debe de significar conseguir un extra en nuestro trabajo, si no también descargarnos de todo aquello que no sea imprescindible que nos ocupemos. Realmente vivimos en la cultura del sí, donde muchas veces tomamos tareas y obligaciones que no deberíamos y creemos que delegar el trabajo es de débiles y de estar mal organizado, pero nada más lejos de la realidad y es que:

DELEGAR NO ES FÁCIL

Lo primero que debemos de identificar a la hora de hacernos cargo de nuestros compromisos es detectar si existe en mi equipo alguien más adecuado para realizar la tarea que la conseguirá en menor tiempo o de manera más profesional.

Tzun Tsu ya dice en su libro, el arte de la guerra, que el buen líder no es aquel más perfecto, si no aquel que es capaz de encontrar a la persona más adecuada, ponerla en su lugar y dejarle hacer.

Además, el hecho de delegar nos permite centrarnos en lo que realmente nos hace crecer y nos interesa hacer. Por ello debemos hacernos tres preguntas a la hora de adquirir un compromiso.

  • ¿Es necesario que lo haga yo?
  • ¿Soy la persona más adecuada para hacerlo?
  • ¿Dedicarme a ello me permitirá realizar otros proyectos más urgentes?

Obviamente si obtenemos un no en cualquiera de las tres deberemos trazar un plan para delegar la tarea, en medida de lo posible.

Una buena gestión y delegación de tareas me permitirá ser más efectivo en mis tareas y obligaciones y, de este modo, trabajar realmente en lo mío y rodeándome con un equipo capaz, motivado y de confianza

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